Revelaciones profanas

1993-1994



"...De la pintura de Jordi Boldó [...] se desprenden un grupo de tópicos en oposición, con los que, a manera de ejes, es posible delimitar la superficie conceptual en la que transita la manera particular de abstraccionismo de este artista. Las tensiones que sostienen a esta construcción, sin embargo, no son necesariamente dramáticas; de aquí que la pintura mantega un equilibrio prudente entre el expresionismo abstracto y el abstraccionismo lírico, hablando de manera esquemática [...] se advierte una elaborada asimilación de varios maestros abstractos (Klee, Tápies, Gorky, Rothko), a través de una propuesta particular en la que intervienen lo conceptual, lo matérico, lo geométrico, y la pasión por la pintura".
Gonzalo Vélez

¿Arte abstracto? Nada de eso: sino la sensación de la cosidad percibida en el instante de su des-ocultamiento. Existe un modo de suscitar la sensación: la lírica del color. Un color que participa de la mesura, e invita a la mirada a ser cómplice del silencio. Técnicas mixtas, territorio de pasta delimitado por zonas circunscritas, todo vibrando en la intemperie, como paisajes interiores afectados por la presencia insoslayable del afuera. Una Revelación profana, en soledad, donde el tiempo instrumental revierte en una suma de instantes inasibles. Los contornos y los colores que sostiene el afuera son entonces como fragmentos de un todo invisible. Hay no obstante un circuito, un puente abierto entre lo que aparece y lo que se oculta. Obras. Cruce ante los sentidos de lo grandioso y lo insignificante, lo caído, lo placentero, incluso la materia arrojada a la basura, al ras de la vida cotidiana. Asombro es la palabra. [...] El conjunto de las revelaciones profanas indica pues que los objetos singularizados que están en el punto de partida de cada obra -objetos encontrados casualmente en el tránsito de cualquier mortal, gastados por el cliché o por el uso, objetos ordinarios en suma- se desvanecen librándose sólo de su perfil superficial, más no de su densidad. Eso es lo que ahora importa: aprehender la huella de cada objeto, lo indeleble, aquello que por ser hermético impide que forma representativa alguna lo contenga. Digamos que la ausencia de representación le permite al pintor, paradójicamente, calar en el contenido substancial de la cosidad. Habrá que señalar además que la revelación, mediante la cual lo profano recupera su profundidad abisal, exige desembarazarse de la rutina, romper toda codificación, asir las sensaciones inscritas en las cosas e integrarlas a las sensaciones del observador; lo que emerge como resultados es la inscripción de lo sentido antes que de lo reflexionado.
Jorge Juanes